Mi enanita preciosa:
Para Rosa de Fátima Sairytupac Espinoza
Si pudiera elegir dónde estar ahora mismo, no necesitaría pensarlo: estaría contigo. Sin una pantalla entre los dos, sin tener que escribir lo mucho que te extraño, sin despedirme cuando lo único que quiero es quedarme un ratito más. Pero, mientras llega ese abrazo, te mando esta carta. Va desde Chile hasta Perú, lleva demasiado cariño y, por supuesto, viene con su respectivo “po”.
Feliz San Valentín, mi chungunga. Quería regalarte algo que pudieras abrir cuando quisieras, incluso en esos días en los que no coincidimos tanto o la distancia se pone especialmente pesada. Algo que te recuerde que acá hay alguien pensando en ti, sonriendo por ti y contando los días para tenerte cerquita.
Ese alguien soy yo, por si había dudas: Héctor, el que mide 1.80. Sí, ya sé que siempre lo menciono. Perdóname, amor, pero si la vida me dio un metro ochenta, lo mínimo que puedo hacer es incluirlo en todas las conversaciones y, aparentemente, también en las cartas románticas. Tengo altura de sobra; para hacerme el interesante, todavía estoy practicando.
También sé que soy algo tonto. Un poquito. Bueno, depende del día y de a quién le preguntes. A veces digo una tontera y recién después mi cerebro llega a la reunión, todo atrasado. Pero contigo hasta esas cosas se vuelven bonitas, porque me encanta que podamos reírnos juntos, molestarnos con cariño y ser nosotros sin tener que aparentar nada.
Me encanta tu sentido del humor. Muchísimo. Me gusta esa manera tuya de hacerme reír cuando no lo esperaba, de seguirme una broma o de ganarme con una respuesta que me deja sin argumentos. Y mira que dejarme sin palabras tiene mérito, porque siempre puedo agregar un “po” al final para fingir que todavía tengo algo importante que decir.
Entre tantos lugares del mundo,
mi favorito va a ser tu abrazo.
Mi cosita, a veces pienso en lo curioso que es todo esto: tú en Perú, yo en Chile, y aun así logras estar presente en mis días de una manera enorme. No hace falta que estés al lado para que algo me recuerde a ti. Hay cosas que veo y enseguida quiero contarte; bromas que me guardo porque sé que contigo serían mejores; momentos pequeños que me dan ganas de compartirte enteritos.
No voy a decir que la distancia es fácil. Hay días en los que un mensaje se queda corto y en los que daría muchísimo por poder aparecer, abrazarte y preguntarte cómo estuvo tu día mirándote a los ojos. Pero sí sé que lo que siento por ti merece cuidado, paciencia y ganas. Y ganas de ti, amor, tengo de sobra.
En marzo cumplimos un año. Un año de esta historia que estamos haciendo nuestra, a nuestra manera, con cariño, risas y kilómetros de por medio. Y yo no quiero quedarme solamente con ese primer aniversario. Quiero muchos más. Quiero llegar a las bodas de oro contigo y seguir dándote la lata con que mido 1.80, aunque para entonces la espalda ya quiera negociar unos centímetros.
Me imagino viejitos, tú riéndote de mis tonteras y yo diciendo “ya, pero igual me quieres, po”. Me imagino eligiéndote en los días lindos y también aprendiendo a acompañarte en los difíciles. No porque todo vaya a salir perfecto, sino porque quiero que podamos conversar, escucharnos, pedir perdón cuando toque y seguir construyendo algo que nos haga bien a los dos.
Y antes de todas esas canas compartidas, está octubre. Nuestro encuentro. Pienso en ese primer abrazo sin pantalla y me da una mezcla de emoción, nervios y ganas de adelantar el calendario a mano. Probablemente quiera decirte algo precioso y termine diciendo una tontera. Quedas avisada: si me pongo más tonto de lo normal, es porque voy a estar demasiado feliz de verte.
Mi Aries preciosa, me encanta conocerte de verdad: tu humor, tu forma de ser, lo que te entusiasma y todo eso que te hace tan tú. No necesito que seas perfecta. Quiero que te sientas querida siendo Fátima, con tus días buenos, tus días raros y tus ganas de reírte de este chileno que no sabe terminar una frase sin decir “po”.
Gracias por estar en mi vida, mi enanita preciosa. Por las risas, por el cariño y por hacer que, incluso desde lejos, tenga tantas ganas de lo que viene. Ojalá esta carta te saque una sonrisa y te haga sentir un poquito más cerca de mí. Si pudiera, te dejaría un abrazo entre cada párrafo; por ahora, te los estoy debiendo todos para octubre.
Te quiero muchísimo, mi chungunga. Te elijo con mis ganas de verte, con mis bromas malas, con mis “po” y con este corazón que se pone medio ridículo cuando se trata de ti. Desde este San Valentín hasta todos los que nos queden. Hasta marzo, hasta octubre, hasta las bodas de oro. Contigo, mi cosita.
P. D.: Sí, sigo midiendo 1.80. Por si entre tanto amor se te había olvidado. Y sí, te voy a abrazar con todo ese metro ochenta, po.
Hector Barrera, siempre tuyo